Presentación de libro
Taller de locos
Diez Autores
6 de julio, 2013 //
Coyoacán, Ciudad de México
Adentrarse
a la lectura del libro, Taller de locos;
diez autores es como adentrase a un exquisito retaurante-bufet. Lo
platillos literarios que nos ofrecen van de los caseros: entomatadas, enmoladas,
frijoles charros o (qué le gusta) albóndigas con chipotle, chicharrón en salsa
verde o chilaquiles. (a propósito: ¿ya comieron?) Son sabores típicos que
siempre vienen al gusto como una certidumbre de que jamás nos hartaran. Pero
también, encontramos las sorpresas en materia de mariscos, comida oaxaqueña,
yucateca u oriental con sus sabores agridulces o exóticos con su sopa de aleta
de tiburón, Y los postres, aaaayyy, ni qué decir: uno siempre intenta comer un
poquito de todo y llevarse pal´recuerdo ese regalo de sabor en el paladar.
Así me pasó con los textos de los diez autores de Taller de locos. Los diversos géneros y
sus juegos en estructura son un buen bufet literario. El lector no podría decir
qué le gusto más, si este poema o aquél; si prefiere a esta autora o a la otra
o a un autor; porque a todos se les disfruta. Todos dejan el sabor rico de la
buena lectura.
Adentrémonos sólo como aperitivo a los textos de algunas de
ellas y ellos:
Halma Chávez, por ejemplo, es una autora que no perdona ni es
condescendiente. Sabe arrinconar a su lector adonde quiere. Conoce el cuerpo
femenino y su hambre. Conoce los límites del cuerpo de mujer. Halma conoce la
constitución de las bien llamadas mujeres
fatales y las dibuja hasta las últimas consecuencias, en su poesía, como
ocurre en “Amame a mi manera”; leemos:
Evítame
la tranquilidad de enamorarte
y el
hastío de mil madrugadas impregnadas de tu rutina:
Más adelante agrega:
Enreda
entre tus dedos mi pelo de yegua
y a
tirones intenta poner freno al galope desbocado
que
amolda mi silla en tu vientre
En
éste, Halma es implacable en su erotismo sin promesas ni cursilerías; en el
mismo poema cierra:
cobíjate
de madrugada y muere tranquilo
mientras
que ahuyento de mí el aroma de tu soledad.
En sus
narraciones cortas, “Gabriel” y “Hugo”, Halma Chávez desnuda la condición
humana de los estereotipadamente llamados víctimas y victimarios. Hombres y
mujeres de carne y hueso que en un día de mala suerte extravían el amor, la
reputación y la dignidad. Ahí yace el romanticismo de hombres y mujeres que
creen en el amor y que, en esa creencia, escalan los más altos riscos de la
soberbia, la seguridad, el ego, la mansedumbre amatoria, las ganas de querer y
ser querido; para caer en picada y embarrarse en la mierda de la indefensión,
la vulnerabilidad y el caos. Porque cuando se ama de verdad se transitan todos
los terrenos de la podredumbre emocional y eso, Halma lo sabe, oh sí. Y si lo
dudan, lean sus cuentos cortos…
*
Juan
Daniel Rifka, además del mote de “loco” habrá que resignificarlo como un “loco
perro”, porque Juan Daniel Rifka es un poeta perro. En sus poema encontramos
versos que muerden:
el sabor de tu carne
Mordida
canina y un sorbo de vino
(Festín)
¿Acaso
no son versos de un poeta perro? Y sigue, en versos sueltos:
Cuerpos ensimismados
Todos,
el péndulo explosivo
El
látigo del crescendo dispara brazos y piernas
(Cuadro
rítmico)
Luego
titula el Sr. Rifka uno de sus textos: “El perro antropomorfo”; ¿poema o
anécdota? Lo que sí es cierto es que en la estructura literaria se percibe el
“andar pesado. Jadeante”, y se escucha “el último aullido bestial” del autor de
estas líneas.
En las
letras universales, la poesía perra nos gusta a los dueños de nadie, porque se nos parece. Sus letras son
pinceladas de carne que supura:
Hoy pasé de la A, al
final, sin sentido
Soy
fruta seca
(Domingo)
 |
Juan Daniel Rifka, Florina Piña, Rubén García, Óscar Sánchez y Halma Chávez |
Y si
hay poetas perros, pues también hay poetizas perras. Ana Basilio es una de
ellas. Ana desparrama su ironía como las flores su polen; en su santuario
oscuro deposita su sin piedad como
las abejas su miel en el panal. Así como lo escuchan, se las gasta Ana Basilio.
Léanla y serán fedatarios de ello. Y es que los textos de Ana cortan el
aliento, como cuando leemos su poemínimo intitulado: “Presagio”
Y bebo leche como si fuera la extremaunción de este romance.
Para
aquello que aún lo dudan, les recuerdo la definición de extremaunción: “uno de
los sacramentos de la iglesia católica, que consiste en la unción con óleo
sagrado hecha por el sacerdote a los fieles que se hallan en peligro inminente
de morir.” Qué tal... Con las poetizas perras, cuidado… porque muerden.
En sus
textos encontraremos pedazos de vida y de muerte, pero combinadas. Leamos:
La
morfina no cura vacíos
(Acatisia)
Los
poetas se hunden en gagrena
Mientras
orinan ron
(RapZodia)
(Describe
bien a sus amigos).
Pero
también la poseía de poetas perros es neta, genuina, porque en sus líneas los autores
perros sin miramientos se ponen en primera persona para dejar ver sus propios
mismas; supuran sus borrascosas vidas. Leemos así de Ana Basilio versos de su “Manifiesto
bacanal”:
Búscame
en el interior del drenaje
soy un
coágulo en tu boca
¿Qué tal?, quien quiera sufrir intente meterse con una poetiza
perra como Ana Basilio, quien además de sus letras fulminantes, desparrama su
insurrección en la estructura de su obra; para ella la métrica estorba, por eso
la tiene sin cuidado; tampoco respeta el renglón horizontal o vertical; juega y
se burla de la hoja en blanco. Su poesía es amorfa. Tan disfrutable como el
beso del hombre que amas en su peor resaca.
*
Por último charlaré de los textos de Luis Navarro Arteaga, mi
muy querido amigo; a quien agradezco enormemente la invitación que él y su
comadre, Halma Chávez me hicieron llegar para desparramar mi opinión sobre este
libro maravilloso, a pesar de ser una inexperta literaria. Pero antes
desbordaré la nostalgia que me significa encontrarme con Luis Navarro Arteaga a
quien conozco hace más de veinte años y que por poco más de veinte años no vi. Le
conocí en su natal Veracruz en un encuentro de estudiantes universitarios, cuando
éramos jóvenes revoltosos, soñadores empedernidos y revolucionarios. Su gran
virtud fue hacerme reír y sorprenderme con la agudeza e inteligencia del
periodista que ya era.
 |
Luis Navarro en la lectura de su cuento "Clon de Frida Khalo" |
Saben, al leer su primer cuento intitulado “El reloj” me dije: se
nota que es periodista… Cuando leí el segundo, “El clon de Frida”: Upa, se nota
que es periodista. El tercero, “La mitad de la cama”, ya no me quedaba duda: El
wey es periodista… Y es que en sus cuentos corren las historias como borbotones
de agua en manantiales vírgenes. Sostener los textos de Luis Navarro Arteaga es
como sostener un comal caliente con tortillas olorosas a maíz de temporada; uno
jamás las dejaría caer; antes prefiere quemarse cuantimás si hay que saciar la
cabrona hambre.
Y es que los textos del Sr. Navarro tienen suspenso; están bien
jerarquizadas las emociones. Son un elogio a la escritura de color; sí a la
crónica; pero también a la nota roja; ésa que despierta el morbo o el deseo
mórbido de un pederasta o el de una Lolita. Aquella o aquel que se diga libre
de pensamientos sucios, que se desnude…
La intuición de periodista del Sr. Navarro le han permitido
observar el dolor, qué digo el dolor, el sufrimiento de las poblaciones más
desprotegidas; pero también su dignidad y su alegría por resolver el día a día
aunque su vulnerabilidad cotidiana haga de ellos seres fatales. Pero también, Luis
deja ver otros sufrimientos como el del adulto anónimo, periodista por cierto, quien
en la estación de un autobús espera la salida a su destino mientras una
adolescente intenta seducirlo a tal grado que prefiere perder el autobús y
reconocerse “detenido como el insecto que cae en la telaraña y espera la
inyección de veneno para ser devorado.”
¿Habrá caído el periodista anónimo en las garras de la
adolescente, clon de Frida Khalo? Lea el libro Taller de locos. Diez autores y déjese seducir por las historias
variopintas en géneros literarios variopintos que dejarán sabores de boca como
cuando se degusta un buen mole poblano, unos chiles en nogada, un pozole
jalicience, una barbacoa hidalguense, unas tlayudas oaxaqueñas, una birria
colimense, una cochinita pibil yucateca; pero con la certidumbre de que las
letras que degustará son made in Poza Rica, Veracruz. Sí señor. // Florina Piña Cancino
PARA MAYOR INFORMACIÓN Y VENTA DEL LIBRO, ESCRIBIR A HALMA CHÁVEZ A:
halmachavez@hotmail.com